Tuesday, June 26, 2007
poema
de todas eres la más bella que
mi único consuelo es la botella que
no necesito testigo que
Vallarta nunca significó nada que
las noches sin tí son más tristes que
nunca importó si mentiste(s) que
sin maquillaje pareces una hada que
de todos no haces una que
realmente no quiero a tu hermana que
mañana dejaré la sontana que
sólo contigo o ninguna que
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tuvimos días felices que
reíamos con ay caramba que
al que rajaba dábamos pamba que
lo más importante no dices que
quedaba al final de la fila que
me elegían al final en el soccer que
me encerraron una vez en el locker que
a nada el muchacho perfila que
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todas son frases ajenas que
créeme o no da la mismo que
Arjona tampoco es distinto que
nadie se muere de buenas.
carpo escafoide
Procedió diciendo que la recuperación iba en buen camino y que, en cuanto llegara la nueva mano, podrían instalarla y darme de alta. Mencionó de pasada que sólamente unas pocas prótesis presentan problemas al no responder con exactitud a los compandos que el sistema nervioso les manda. De un bolsillo de su bata sacó un folleto, propaganda de la mano más avanzada que la cobertura del seguro alcanzaba. Una celda de hidrógeno instalable en el cinturón o en la espalda brindaba poder a los actuadores electromecánicos, que a su vez excitaban membranas poliméricas fijas a estructuras de colágeno. El efecto conjunto daba una apariencia muy natural, que a no ser por la falta de uñas, poros o vellos, hubiése pasado por una mano común y corriente. La instalación de la mano era por demás primitiva: un perno atravezando el radio con una junta de bola. El sencillo mecanismo me pareció ingeniosamente efectivo. Flexor 3 de Proztechnische Gmb, leía el folleto.
El doctor me picó con la punta de su pluma para comprobar si seguían mejorando mis respuestas motoras. Siguen mejorando, dijo. Sin muchos ánimos, al igual que yo, miró su reloj, suspiró y después de una excusa rápida y formal, se retiró.
Para entonces era evidente que no tenía capacidad para hablar y que mi verdadero nombre me sería revelado hasta que una alma misericordiosa se compadeciese de mí. Dudé un instante: algo en mi quebrado inconciente me dijo que nadie realmente sabía quién era yo.
poema
siguieron los vampiros y los licántropos.
Los jorobados se volvieron proxenetas,
y los mutantes algo filántropos.
En el cesto de basura los enanos,
descubrieron pergaminos antiguos:
sobre fan-fiction de marcianos,
que morían en combate contra ewoks.
Los shamanes terminaron contadores
y los profetas presentadores de concursos,
los ángeles trasvestis multicolores,
metrosexuales que comparaban sus muslos.
El fin de todo y el fin de nada,
decían aristócratas etruscos,
esculpiendo con su idea robada
hombres fuertes de sexo insulso.
"¡Juntémonos, hermanos distantes!
La cerveza y la mujer exultante,"
dicen los predicadores errantes,
"son fuente de dolor penetrante."
Sus gritos les responden las paredes,
del metro en la estación de Juárez,
los cholos, cacos y gangsta-rappers
leen sólo Sartre y García Márquez.
herencia
Empezó.
-Ya me contaron todo las enfermeras, y no lo puedo creer. Cosas así no deberían pasar, mínimo el seguro lo cubre y más vale que no salgan con alguna cláusula secreta que les "impida" pagar ahora que les toca. ¿Te acuerdas del caso de Jorge? De alguna manera se las arreglaron para aumentarle el deducible hasta que tuvo que hipotecar la casa. A mi que no me vengan, esas son chingaderas. Seguro ya hablaste con Martín, él seguro te puede ayudar para que no te piquen los ojos en el proceso. Apenas y se agacha una y luego-luego ahí van. Ni tiempo dan de levantarse.
El bulto rosado comenzó a llorar.
-Tranquilo, tranquilo, dijo al bulto en una voz como murmurando pero con el mismo volumen, Creo que la bebé tiene problemas. Está muy sensible últimamente y por cualquier cosa llora. Ya he intentado de todo y nada. La culpa la tiene el imbécil ese, estoy segura. Cada fin de mes se retrasa con su aportación y luego pone cara de baboso cuando se lo hecho en cara. No sé que piensa, que se alimentan sólos o qué.
La niña, que yacía en el suelo jugando, se levanta riéndose:
-Babooooso, repite sonriendo.
Sin prestarle atención, continúa:
-Ya quedan pocos que realmente valgan la pena, como tú o como Martín. A la primera de cambios, a todos los demás se les olvidan las promesas y hasta las obligaciones. Y detrás de toda su ingenuidad son crueles. Porque son como niños y piensan que es un juego. Sí, todo divertido hasta que la niña está panzona y ahora no es tan gracioso. Aún así, somos tontas y ahí vamos de nuevo, de perritas falderas o peor. Es como para reírse.
Me pregunté cuál sería la forma más sutil de informarle a la mujer que no tenía la menor idea de quién era. Afortunadamente, la alarma del tocador sonó, sin yo saber exactamente porqué.
-Ay, mira la hora que és. Anita tiene gimnasia y yo aquí nomás. Anita, dile adiós!
-Adiós!, dijo Anita la gimnasta llenita.
La enfermera apareció y vió mis ojos. Supuso mi desorientación.
-Las niñitas de su hermana son hermosas, ¿no cree?
Monday, June 25, 2007
poema
No era muy buena:
sólamente regresaba un día atrás.
¿De qué le servía?
Terminaba gastándolo construyendo una máquina del tiempo.
(No era muy buena.)
Tuesday, June 19, 2007
ausencia
Después del accidente en el compresor, en el cual la falla imprevista de un contacto termomagnético y la negligencia claramente previsible de un operario concordaron fatalmente, una parte de mi memoria y la totalidad de mi mano dejaron de existir.
Al despertar en el hospital, con una sábana cubriéndome hasta el cuello y vendajes tapando el resto exceptuando los ojos, un instintivo relfejo actuó antes que mi conciencia. Mi imaginaria mano derecha se dirigió hacia los genitales que, dependiendo de su estado, me informarían sobre la gravedad de la situación.
Menuda sorpresa se llevaron al ser despertados de su inactividad por el burdo roce de una superficie curva y rugosa. Un escalofrío partió desde ellos hasta mi lengua.
Entonces las facultades cognitivas entraron en acción y de la sábana surgió mi brazo derecho, doloroso y decorado: en un extremo, donde deberían haber hecho presencia los carpos, metacarpos y demás partes accesorias de la mano común, aparecía plácido un recubrimiento de plástico rugoso y pintado de carne marrón, como eufemismo de muñón.
Naturalmente, saqué el otro brazo y, todavía aterrado, lo inspeccioné hasta asegurarme que nada faltaba. La mente es graciosa de ese modo: puede ignorarse la identidad, las circunstancias, las personas o los eventos; pero siempre recordará la manera como las cosas deben ser, lo que falta y lo que sobra.
A los pocos minutos de mi nuevo amananecer –me gusta llamarle así, sin cinismo se los juro- llegó la enfermera y, ocultando su sorpresa inicial, me dió los buenos días. Percatándose del descubrimiento que revelé al sacar mi brazo, me dijo que no me moviera, que el doctor llegaría en cuanto fuese posible, ya sabe el tráfico de la mañana como es. Yo no sabía. Ahí mi segundo problema.
La enfermera no era muy buena tratando con la gente. Quedóse en silencio un segundo, como mirándome y no, sin saber exactamente que hacer frente al paciente. Veía como su línea de visión iba desde mi cara hasta mi muñón sintético y rápidamente de regreso a mi cara.
Yo no había dicho nada hasta el momento. Discretamente había llevado la mano restante debajo de la sábana para terminar la inspección interrumpida, sin encontrar algo faltante o sobrante, lo cual fue un alivio. Algo me decía que no era el momento de hablar: había mucho por descifrar antes de aventurarse a decir algo que causara risa involuntaria. No hay nada de gracioso en la amnesia o en la mutilación y no pensaba dar pie a vulgaridades semejantes. Una epifanía: este primer pensamiento era el inicio de mi nueva identidad.